Cuento para iniciar la semana: EL BÚHO BLANCO (Enrique Zepeda)

Cuenta la leyenda que, en un rincón muy especial cerca del majestuoso volcán Popocatépetl, vive un animal espiritual que pocos han tenido la suerte de ver en persona. La historia dice que muy pocas personas han logrado avistar su figura, y aún menos han tenido la oportunidad de escuchar su canto. Se dice que su canto es tan hermoso y misterioso que suena como el canto de una ballena azul, profundo y envolvente, que llena el aire con una melodía que parece venir de otro mundo y al mismo tiempo, es un canto que calma el alma y despierta la imaginación, haciendo que quien lo escuche sienta que está en presencia de algo mágico y sagrado.
Sin embargo, nadie realmente sabe si este animal existe en realidad o si solo es un cuento que se ha transmitido de generación en generación para mantener viva la magia y la esperanza en los corazones de quienes creen en lo imposible.

Yo, por mi parte, me encontraba cerca de ese lugar mágico porque mi abuelita siempre decía que allí se preparaba el chocolate caliente más delicioso y reconfortante que uno pudiera imaginar. Ella aseguraba que ese chocolate tenía un sabor especial, lleno de amor y tradición, y que cada vez que lo probaba, sentía que el calor le llegaba hasta el alma. Para ella, ese chocolate era mucho más que una bebida; era un símbolo de cariño, de historias compartidas y de momentos que quedaban grabados en el corazón. Cuando finalmente tuve la oportunidad de probar ese chocolate, me di cuenta de que, en realidad, solo tenía más azúcar de la que debería, y que quizás no era tan especial como ella decía, pero aun así, me encantaba escuchar sus historias y sentirme cerca de ella en esos momentos mágicos.
Ella me enseñó que a veces, lo que realmente importa no es lo que hay en la taza, sino el amor y la tradición que se ponen en cada sorbo y en cada palabra.
Esa noche, cuando la luna brillaba con intensidad y las estrellas iluminaban el cielo con su brillo plateado, salí a dar un paseo por el parque cercano a mi casa. La brisa fresca me acariciaba el rostro y sentí que era un momento perfecto para reflexionar, para agradecer y para dejar que mis pensamientos volaran libres. De repente, a lo lejos, vi una figura blanca que parecía brillar en la oscuridad. Mi curiosidad se despertó y, sin pensarlo mucho, empecé a acercarme lentamente para ver qué era esa figura misteriosa. A medida que me acercaba, me di cuenta de que no era un simple animal, sino que se trataba del animal de las leyendas: un búho de plumas blancas, majestuoso y enigmático, que parecía estar allí solo para mí. Y sí, ¡era real! La magia de ese momento me llenó de asombro y gratitud, porque en ese instante sentí que el universo me estaba enviando un mensaje muy especial.
Me acerqué aún más, con el corazón latiendo con fuerza por la emoción y la sorpresa. Entonces, para mi asombro, sentí que el búho empezaba a hablarme con una voz suave y profunda, como si el viento mismo susurrara sus palabras. Me dijo: “La lealtad es lo más importante en el universo. Ese es el mensaje que tu abuela quiere que recuerdes siempre.” En ese momento, me quedé paralizado, en shock total. No podía creer lo que estaba sucediendo. Era como si el búho fuera un mensajero de mi abuela difunta, que había venido desde el más allá para darme un consejo muy valioso y lleno de amor. Sentí una mezcla de emociones: sorpresa, gratitud, un poco de miedo, pero, sobre todo, una profunda sensación de paz y esperanza.
En ese instante, comprendí que la magia no solo existe en las historias, sino también en los corazones de quienes creen en ella y en los lazos que nos unen con quienes ya no están físicamente con nosotros. Le agradecí con el corazón lleno de emoción y, sin dudarlo, di media vuelta para regresar a mi casa en la Ciudad de México.
Mientras manejaba de regreso, no podía dejar de pensar en ese momento mágico y en el mensaje tan importante que me había brindado el búho.
Desde entonces, llevo conmigo esa enseñanza sobre la lealtad, recordando siempre que, en el universo, esa cualidad es fundamental para mantenernos conectados con quienes amamos y con nuestros valores más profundos.
Ha pasado tiempo y el recuerdo del búho misterioso se ha convertido en una historia que guardo con mucho cariño, y que me recuerda que a veces, las cosas más mágicas y significativas suceden cuando menos lo esperamos, en los lugares más sencillos y en los momentos más tranquilos de la noche.
Creo que de alguna manera encontré a ese animal espiritual, cerca del majestuoso Popocatépetl, porque cada quien tiene dentro de sí a un mensajero, solo hay que aprender a escucharlo desde el Alma.

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